¿Cómo la química cambió el mundo?
20. El legado de Paracelso
En la Europa medieval, la forma de vida difería profundamente de la actual. Estaba extendida la desconfianza hacia el baño frecuente (por miasmas y “poros abiertos”), por lo que la higiene personal era irregular y episódica , aunque con variaciones regionales y de época (Vigarello, 2008). Las enfermedades gastrointestinales eran comunes por consumo de alimentos en mal estado y por contaminación del agua —los desechos humanos a menudo se vertían en los mismos cau ces usados para beber o cocinar—, las epidemias eran recurrentes y devastadoras, debido a la limita da comprensión de su origen y de los mecanismos implicados en su propagación (Porter, 1997). La medicina del siglo XVI seguía apoyándose en gran medida en las doctrinas hipocrático-ga lénicas, que concebían la salud como equilibrio de humores —bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre— en relación con elementos y cualidades La teoría humoral y las prácticas médicas medievales
Durante siglos, la medicina europea estuvo marca da por la cosmovisión hipocrática-galénica , que concebía la salud como un equilibrio entre los cuatro humores . Aunque en muchos contextos la enfermedad se interpretaba también como cas tigo divino o consecuencia de faltas morales y espirituales, esta visión convivió con prácticas de restablecimiento físico del equilibrio perdido y con rituales religiosos (plegarias, penitencias). Junto a estas interpretaciones, se recurría a r eme dios naturales y minerales (por ejemplo, azu fre , valorado por sus propiedades purificadoras), así como a preparados vegetales y animales , integrando en la práctica médica un conjunto de saberes empíricos, simbólicos y espirituales (Siraisi, 1990; Nutton, 2004).
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