¿Cómo la química cambió el mundo?
20. El legado de Paracelso
(caliente/frío, húmedo/seco). Aunque estas ideas habían perdurado durante siglos , recibieron críticas y revisiones en la Baja Edad Media y el Re nacimiento, y serían cuestionadas con mayor fuerza por la anatomía y la experimentación tem prano-moderna (por ejemplo, Vesalio, 1543); con todo, el marco humoral siguió siendo dominan te y limitó la comprensión y tratamiento de muchas enfermedades (Nutton, 2004; Siraisi, 1990). Una escena común de la época podría haber sido la siguiente: si una persona enfermaba, un familiar salía en busca de un barbero-cirujano, un curan dero o, en el mejor de los casos, un médico. Este, tras una breve evaluación, solía atribuir la dolencia a un desequilibrio en los llamados “humores”: sangre, bilis negra, bilis amarilla o flema. El tratamiento, por tanto, consistía en eliminar el exceso del humor considerado culpable, mediante sangrías, purgas y/o dietas estrictas. Era común el uso de sangui
juelas o la práctica de incisiones para extraer san gre. Además, se prescribían preparados de origen vegetal, muchos de los cuales tenían propiedades tóxicas mal comprendidas, lo que podía agravar el cuadro patológico. Lejos de aliviar al paciente, sangrías, purgas y eméticos solían debilitar el organismo, favo recer infecciones (en un contexto preasepsia ) y, en no pocos casos, acelerar o provocar la muerte . La pérdida excesiva de sangre cau saba síncopes, anemia y una merma de de fensas , dejando al enfermo más vulnerable frente a la dolencia que se pretendía tratar (Porter, 1997; Wear, 1996). En este marco, no era raro que algu nos pacientes o sus familias, en lugar de acudir al barbero-cirujano o al médico, recurriesen a un sacerdote , convencidos de que la enfermedad podía ser castigo divino y de que la salvación del alma importaba más que la curación del cuer-
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