¿Cómo la química cambió el mundo?
31. El proceso Haber-Bosch: síntesis de amoníaco y revolución agrícola
estudiar en laboratorio el crecimiento de las plantas. Demostró que, además del dióxido de carbono (CO₂) que absorben del aire, las plantas requieren ciertos minerales disueltos en el suelo. Aunque el aire contiene aproximadamente un 78 % de nitrógeno molecular (N₂), Liebig compro bó que las plantas no pueden absorberlo directamente desde la atmósfera, sino que lo asimilan en forma de iones nitro genados —nitrato (NO₃⁻) y amonio (NH₄⁺)— a través de sus raíces. El nitrógeno es esencial para la síntesis de biomoléculas fundamentales , como ácidos nucleicos, aminoácidos, proteínas, clorofila y alcaloides, y también participa en la regulación del potencial hídrico de los vegetales (Smil, 2001). Por ello, su disponibilidad en el suelo repercute directamente en el rendimiento y la ca lidad de los cultivos.
Los diversos avances científicos surgidos durante el siglo XIX —como la mejora en las condiciones de higiene, el desarrollo de las vacunas y la imple mentación de la cloración del agua— provocaron una notable disminución en las tasas de mortali dad. Así, se llegó al siglo XX con una población casi cuadruplicada, lo que llevó a algunos sectores a adoptar visiones apocalípticas sobre el futuro de la humanidad ante la posibilidad de una escasez global de alimentos. La solución parecía evidente: incrementar la productividad agrícola (Smil, 2001).
La necesidad de encontrar fertilizantes nitrogenados
Justus von Liebig (1803– 1873), considerado uno de los fundadores de la química agrícola , fue el primer científico moderno en
Desde los inicios de la agricultura, las sociedades
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