FlippingFood III 2021

Enfermedades no gastrointestinales

(TGF- β 1) y activación del SRAA intrarrenal (Fiore et al. 2011). Bajo en K: Dentro de las alteraciones electrolíticas más frecuentes en la ERC, se encuentra la hiperkalemia. Especialmente, en los estadios más avanzados de la ERC, la ingesta y absorción del potasio sobrepasa la excreción renal, que de manera conjunta, puede encontrarse limitada por la interferencia en los mecanismos de compensación tubular, asociados a la concentración y/o acción de la aldosterona en el túbulo distal (Lorenzo et al, 2020), por lo que se hace necesario una monitorización individualizada de los niveles séricos en los pacientes con ERC, para poder determinar los requerimientos de este micronutriente. Además, la evidencia ha mostrado que los mayores grados de hiperkalemia se asocian con mayores alteraciones electrocardiográficas; evidenciándose entre el 46-64% de los pacientes con niveles séricos de potasio mayor a 6mM (Ocharan-Corcuera et al. 2011). Bajo en P: La evidencia científica ha demostrado que los niveles elevados de fósforo son un predictor independiente de hospitalización por causas cardiovasculares, fracturas, mortalidad cardiovascular y global en pacientes en pre- diálisis y diálisis (Tonelli et al. 2005). Un estudio realizado por Block et al, analizó los niveles séricos de fósforo en sujetos con hemodiálisis, determinado que aquellos pacientes con niveles séricos de fósforo entre 6-7 mg/ dl tenían 1,15 veces más riesgo de morir que aquellos pacientes con niveles séricos entre 4-5 mg/dl.

Las personas con ERC dan cuenta de un perfil lipídico que aumenta su capacidad aterogénica a medida que disminuye el filtrado glomerular (Ferro et al, 2018). Además, el transporte de HDL desde los tejidos periféricos se encuentra disminuido producto de la inhibición de ABCA1 y ABCR. Por otra parte, presentan una mayor actividad de la proteína de transferencia de ésteres de colesterol (CEPT). Ambas situaciones generan menores concentraciones de HDL, y especialmente, lipoproteínas inmaduras e infuncionales (Hager et al. 2017). En conjunto con lo anterior, existe una disminución en la acción de la enzima lipoprotein lipasa (LPL), por lo que se evidencian concentraciones de VLDL elevados e hipertrigliceridemia. De esta forma, la evidencia científica sustenta que una selección de lípidos STEP II reduce el colesterol plasmático total, LDL y triglicéridos, en un 13%, 16% y 8%, respectivamente (Yu-Poth, 1999). Consecutivamente, al manejar la dislipidemia se mejoran el estrés oxidativo, los procesos inflamatorios, la sensibilidad a la insulina y los niveles remanentes de lipoproteínas, lo cual reduce la carga cardiovascular (Gluba-Brzozka et al. 2019). Hiposódico leve: La reducción de la ingesta de sal desacelera la progresión de la enfermedad renal en varios modelos experimentales. Estos efectos beneficiosos de la restricción de sal no sólo podrían estar relacionados a un mejor control de la presión arterial sino también a la supresión de un efecto directo de la sal incluyendo activación de enzimas renales prooxidantes (NADPH oxidasa), incremento de interleucinas pro-fibróticas

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